La frase más icónica del Chavo del 8: "Lo hice sin querer queriendo". Una contradicción aparente que esconde una verdad esotérica.
Aleister Crowley, el ocultista más controversial del siglo XX, escribió: "Haz que tu voluntad sea toda la ley". La voluntad verdadera, aquella que emerge de lo más profundo del ser, opera más allá de la intención consciente.
Sin querer queriendo. La voluntad oculta manifestándose.
Roberto Gómez Bolaños tenía una peculiar obsesión: la letra "CH". Chespirito, la Chilindrina, la Chimoltrufia, el Chavo, la pastilla de Chiquitolina, el Chipote Chillón... La lista es interminable. Pero aquí viene lo inquietante: la C es la tercera letra del alfabeto y la H es la octava. Si sumamos 3 + 8 obtenemos 11, un número que en el esoterismo representa la dualidad, el portal entre dimensiones, el número maestro de la iluminación espiritual.
¿Coincidencia? Tal vez. Pero el 11 aparece una y otra vez en su obra.
Cuando el Chapulín Colorado necesitaba un arma, Chespirito no eligió una espada, ni una pistola. Eligió un martillo: el Chipote Chillón. Para los masones, el mazo representa la herramienta fundamental del constructor, el instrumento que da forma a la piedra bruta hasta convertirla en piedra pulida.
El superhéroe más torpe de la televisión portaba, sin que nadie lo notara, uno de los símbolos más antiguos de las logias secretas.
El Chompiras, ese ladrón de corazón noble, trabajaba en el hotel Buena Vista. Once letras componen su nombre. Y en cada episodio, Don Cecilio asignaba siempre la misma habitación a los huéspedes: la número 11.
Y cuando Roberto Gómez Bolaños decidió despedirse del público con una última gira teatral, eligió un título enigmático: "11 y 12". En la imagen promocional, el 11 flotaba sobre su cabeza y el 12 sobre la de Florinda Meza.
El Chavo vivía en el departamento número 8. No el 1, no el 5, no cualquier otro número. El 8. Voltéalo de lado y obtendrás el símbolo del infinito, el Ouroboros, la serpiente que devora su propia cola.
En la numerología , el 17 representa a Dios y el 71 a Satanás: el mismo número invertido, el reflejo oscuro de lo divino. Doña Cleotilde, la Bruja del 71, vivía precisamente en el departamento 71 y tenía un gato con un nombre que no dejaba lugar a dudas: Satanás.
Ella organizaba sesiones espiritistas para ahuyentar a los "espíritus chocarreros", invocando fuerzas que la audiencia infantil no cuestionaba pero que estaban allí, tejidas en el guión.
Créditos: a quien corresponda

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